sábado, 6 de febrero de 2016

Carta al Papa Francisco

Su Santidad Francisco
Casa Santa Marta 00120
Estado de la Ciudad del Vaticano


Estimado Papa Francisco:

Le escribo con mucha esperanza de que esta carta llegue a sus ojos, o por lo menos que llegue a los ojos del Monseñor Giuliano Gallorini, quien tiene el privilegio de asistirlo en la tardada tarea que me imagino debe de ser leer y responder las cartas que le llegan de todo el mundo y en distintos idiomas. Lo bueno es que su lengua materna es el español, al igual que la mía, y por lo menos en ese pequeño aspecto no habrá problema.

Le escribo con vergüenza. Vergüenza de vivir en un país donde reina la corrupción y no la honestidad, la violencia y no la generosidad, el egoísmo y no  la bondad. Yo soy de México, soy latinoamericana al igual que usted. Y al igual que en su país Argentina, en México hemos tenido problemas de ese tipo a lo largo de toda nuestra historia. Pero en México estamos peor... creo que en eso usted estará de acuerdo.

Usted viene a mi país a una visita de Estado y llega en seis días. Obviamente llegará a México y regresará al Vaticano mucho antes de lo que lea esta carta, por lo que espero no le moleste que la haga pública, con la esperanza de que llegue más pronto a sus ojos, además de enviársela por correo tradicional.

Millones de mexicanos están ansiosos por su visita... Son hombres y mujeres de fe que creen que su visita a este país tendrá un impacto definitivo que signifique una nueva etapa en nuestra forma de vida. Como si su visita fuera a cambiar a nuestros gobernantes y sus perversos intereses o fuera a cambiar a los hombres y mujeres malvados que se alimentan del sufrimiento de los demás.

Espero no ofenderlo al decirle que no soy una de esas mexicanas que estarán en el aeropuerto Benito Juárez en la Ciudad de México recibiéndolo, con esperanza de que su llegada vaya a cambiar nuestra realidad. Porque no es así.

Sin conocerlo, yo lo tengo en una altísima estima. Lo creo diferente a la mayoría de los funcionarios de la Iglesia, a todos los Papas que hemos tenido... lo creo mejor.

Por todas las cosas buenas que usted encarna, razones por las que creo en usted y por las que me animé a escribirle esta carta, le pido de todo corazón que haga algo. No espero que en su visita cambie nuestra realidad ni mucho menos, es imposible. Pero hay algo concreto que usted puede hacer para evitar una injusticia más de las millones que sufrimos día a día todos los mexicanos. Y es algo que usted puede hacer sin meterse en problemas de soberanía de los Estados y todo eso, puesto que se trata de una injusticia llevada a cabo dentro de la Iglesia, contra un presbítero mexicano, impulsada por un cardenal mexicano.

Hablo del caso de la boda religiosa del Presidente Enrique Peña Nieto con Angélica Rivera Hurtado. Apenas hoy, seis días antes de su llegada, se ha hecho del conocimiento público, gracias a una investigación periodística ejemplar, las circunstancias bajo las que se dio esta boda religiosa.

Yo tengo mucha fe de que usted no está al tanto de esto y por ello no se ha hecho nada dentro de la Iglesia para remediarlo. Por ello, le platico.

Angélica Rivera, como usted sabe, estuvo casada antes de casarse con Enrique Peña Nieto. Ella y su primer esposo se casaron en la Iglesia de Fátima, en una misa oficiada por el Padre Ramón García, y días después celebraron una ceremonia de acción de gracias por el nuevo enlace en una playa en Guerrero, celebrada por el Padre José Luis Salinas.

Se divorciaron por el civil en 2008 y ella buscó la anulación del matrimonio por la iglesia en 2009 para poder casarse con su novio, el entonces Gobernador del Estado de México y el ahora Presidente de la República, Enrique Peña Nieto.

El matrimonio fue anulado por el Tribunal Interdiocesano de México en 2009, alegando defecto de forma canónica. El problema es que alegaron que la boda en la Iglesia de Fátima, en la que recibieron el acta de matrimonio y todo, realmente no fue la boda, sino que la boda fue la celebrada en la playa y oficiada por el Padre Salinas, quien realmente fue contratado para una celebración de acción de gracias y no para casarlos. Además de que el primer esposo de Angélica Rivera reconoció públicamente que la boda siempre fue entendida la de la Iglesia de Fátima y que la ceremonia de la playa oficiada por el Padre Salinas fue únicamente con el objeto de obtener su bendición y de dar gracias.

En fin. Después de la anulación, el mismo Tribunal emitió una sentencia condenatoria en contra del Padre  Salinas, sin haberle permitido defenderse, por oficiar una boda sin tener licencia, entre otras consideraciones. La sentencia del Tribunal lo condenó a no ejercer más el ministerio y a dejar de vivir en la Ciudad de México.

En 2010, se casaron Angélica Rivera y el entonces Gobernador Enrique Peña Nieto. Pero el Padre Salinas intentó conseguir justicia durante los años siguientes apelando su caso. El recurso de apelación fue turnado al Tribunal de la Rota Romana para conocer del caso.

Para el juicio llevado a cabo ante el Tribunal de la Rota Romana, el Padre Salinas contrató a una abogada canonista que presentó su caso en julio de 2012. En noviembre de ese mismo año, siendo ya Presidente de la República Enrique Peña Nieto, el Tribunal emitió una sentencia inapelable sobre el caso del Padre Salinas en la que declaró nula la sentencia dictada por el Tribunal Interdiocesano de México por haberle negado todo derecho de defensa al presbítero y porque la Arquidiócesis Primada de México, encabezada por el Cardenal Norberto Rivera, no siguió el debido proceso.

Sin embargo, el Cardenal Norberto Rivera hizo caso omiso de la sentencia del Tribunal de la Rota Romana y continuó negándole al Padre Salinas su derecho a ejercer el ministerio.

Entonces, en septiembre de 2013, el Padre Salinas decidió escribirle a usted, Papa Francisco, una carta para pedirle que intercediera por él para que se le permitiera ejercer el ministerio, ante la negativa de la Arquidiócesis mexicana de ejecutar debidamente la sentencia del Tribunal de la Rota Romana. Él le escribió: “Lo hago con el corazón en la mano y movido por la enorme confianza en la misericordia que le distingue. Pongo confiadamente en su corazón de padre y pastor esta situación que me agobia.” 

El Padre Salinas falleció en octubre de 2015 y no logró ver justicia por su caso.

Estoy consciente de que le han de llegar millones de cartas y muy probablemente no haya leído la carta del presbítero, o quizá ni siquiera el Monseñor Giuliano Gallorini haya podido leerla. Es por ello que confío en que usted no tiene conocimiento del caso ni de esa carta.

Teniendo fe en su bondad, le pido que haga algo por esta terrible injusticia. Es inaudita la corrupción, tanto en la vida política como en la vida eclesiástica. Pero usted es el Papa. Usted es el máximo jefe de la Iglesia. Usted puede hacer algo.

El Tribunal de la Rota Romana hizo justicia en papel... pero el Padre Salinas fue víctima, a pesar de esa sentencia, del arbitrio egoísta y malinteresado del Cardenal Rivera, quien además es ampliamente conocido en México por su corrupción. Él no vivió para ver su nombre reivindicado, al haber sido pisoteado su honor.

Yo le escribo a usted, al igual que el Padre Salinas, con el corazón en la mano y movida por la enorme confianza en la misericordia que lo distingue.

Estimado Papa Francisco: por favor someta a la justicia canónica al Cardenal Norberto Rivera por actos de corrupción y simulación de la justicia y, con ello, reivindique el nombre del Padre José Luis Salinas.

Usted puede hacerlo y, con ello, pondrá un gran ejemplo de lucha contra la impunidad que reina tanto en la Iglesia como en mi querido México y en el mundo.

Con admiración y cariño,
María Santos Villarreal.



México, a 6 de febrero de 2016


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