jueves, 4 de junio de 2015

Las dos varas

A mi mamá. Por haberme formado para ser (creo yo) una buena persona.

Las dos varas






"El sentido moral es de gran importancia.
Cuando desaparece de una nación, toda
la estructura social va hacia el derrumbe."
- Alexis Carrel


Los seres humanos somos sociales por naturaleza. Y con “sociales” no me refiero a socialités, sino a que somos proclives a vivir en sociedad. Al convivir en una comunidad con otros seres humanos, se crean diversas instituciones: por ejemplo, jurídicas y morales. Todos tenemos nuestros propios estándares morales, sí. Pero no podemos negar que al vivir en sociedad, se crean otros estándares morales colectivos bajo los cuales somos regidos y juzgados. 

Lo moral, “lo que está bien”, es algo objetivo. Es un concepto abstracto, sí… Pero eso no le quita la calidad de absoluto. Creo que el ser humano, al ser subjetivo por naturaleza, nunca podrá percibir correctamente a esta y cada uno de nosotros tendrá una interpretación diferente. Aún así, eso no hace que la moral sea relativa. Es decir, todos podemos ver una mesa y pensar que es de diferentes tonos de colores, si está chueca, si es de tal o cual material, etcétera… Podemos concluir muchas cosas por medio de los sentidos al ponernos en contacto con un objeto material, como lo es una mesa. Todos tendremos experiencias distintas: pero eso no significa que la mesa tenga existencias paralelas o que sea relativa su composición, sino que nosotros, al ser subjetivos por naturaleza, no podemos conocer la composición objetiva-absoluta-real de esa mesa. Así es con la moral: existe lo bueno y eso es algo objetivo e inapelable. Empero, todos tenemos una concepción distinta de lo que es lo bueno y generamos distintos matices: nuestras percepciones de lo que es lo bueno son relativas, pero lo bueno no lo es. 

En fin, no quiero entrar en un debate profundo para determinar si los valores morales (“lo que está bien”) son conceptos objetivos o subjetivos porque no es el punto. Así que lo dejaré aquí, habiendo expresado en el párrafo anterior que yo creo que la moral es objetiva y no subjetiva.

Ahora bien, retomando el tema… Lo que me motivó a escribir esto, es el hecho de que muchas personas tienen una doble moral: ya sea esta la colectiva o la personal. Lo más deplorable y molesto de una sociedad es que se practique la doble moral. ¿Qué es la doble moral? Tener estándares hipócritas: unas reglas para medir a los demás y otras para medirse uno mismo. Una persona tiene doble moral cuando piensa, habla y/o actúa en contra de los principios morales que predica. Generalmente, la persona doblemoralista aplica dichos principios a su conveniencia. 

Este problema social es muy grave en todo el mundo: estoy segura que cada uno de los lectores del presente texto se ha topado en la vida con al menos una persona que tiene doble moral (o quién sabe, quizá a alguno de los lectores le caiga el saco). Ciertamente el tema de la doble moral no es algo de lo que nunca se ha hablado: seguramente no diré aquí nada que alguna otra persona haya dicho ya en otro espacio y en otro tiempo. Empero, sí quiero expresarme sobre este tema, puesto que ha sido objeto de discusión recientemente en pláticas con mis conocidos cercanos.

Me causa rabia que una persona critique, juzgue y denoste a otra por pensar, decir o hacer cosas que esa misma persona piensa, dice o hace cuando nadie la está viendo. Me molesta la doble moral de las personas y de la sociedad en conjunto. Las personas doblemoralistas toman una posición bien hipócrita, aunque muy cómoda y beneficiosa para ellas. 

Quieren dos parejas: una que sea virgen, pura y casta, pero una que los satisfaga sexualmente cada vez que se les antoje. Quieren dos gobernantes: uno que vea por los intereses del pueblo y el bienestar del Estado, pero otro que cree las condiciones que favorezcan a su sector particular. Quieren dos policías: uno que les proporcione seguridad e imponga el orden en la sociedad, pero otro que afloje con una “mordida” a la hora de ponerles las multas. Quieren dos modelos de vestimenta: uno para juzgar a los demás si se visten de manera “indecente”, pero otro para poder ellos vestirse como gusten. Quieren dos códigos de ética: uno para exigir respeto y tolerancia a sus ideas, pero otro para denostar al que piensa diferente y meterle sus ideas por la garganta. Quieren dos ordenamientos jurídicos: uno que proteja y vele por sus derechos humanos, pero otro que les permita sacar el más provecho posible de los demás abusando de los de ellos. Quieren dos maestros: uno que les enseñe todo lo académico y ético a sus hijos, pero otro que no se atreva a cuestionar sus propios métodos y siempre les de por su lado, incluso cuando sus hijos incurran en algún mal comportamiento. Quieren dos estándares de vocabulario: uno que repudie las groserías de los demás, pero otro que les permita insultar cuando se les antoje. Quieren dos normas para la libertad: una que proteja la libertad de expresión de todos en todo momento, pero otra que les permita expresarse sin límites cuando se trata de algo que no les conviene o no les gusta. Quieren dos dioses: uno que castigue a todo hereje y blasfemo, pero otro que les perdone todos sus pecados. Which is it?

Las personas con doble moral tienen unas reglas para valorar a los demás y otras para juzgarse a sí mismos. Y estas reglas tienden a ser contradictorias entre sí, cayendo estas personas en una deplorable hipocresía. Nadie es perfecto. Pero hay que tener cuidado para no caer en estas situaciones de doble moral: en predicar cosas que no practicamos. Los invito a, cada vez que vayan a emitir una crítica fuerte contra una persona, piensen en si ustedes no lo han hecho también y traten de entender su situación. 

Lo admito, yo sí he criticado gente. Es la verdad, no voy a mentir. No soy perfecta, estoy muy lejos de serlo. Pero mis críticas tienden a ser contra personas que me agreden a mi primero o a mis seres queridos y contra personas que suelen denostar a los demás sin razón alguna. No soy tolerante con los violentos, no soy tolerante con los bullies y no soy tolerante con los hipócritas. Tampoco digo que todos pongamos el otro cachete cuando nos propinen un golpe… Lo que trato de decir es que nosotros no “empecemos” los ataques, pues. Live and let live. ¿En qué nos afecta cómo se viste, con quién se junta, qué religión practica y qué palabras utiliza el otro?

También es importante saber identificar a las personas hipócritas o doblemoralistas y alejarnos de ellas. Lo único que harán, es provocar daño. Es un consejo, solamente. Hay que segregar y alejarnos de las personas que hablan a espaldas de los demás, que nunca se alegran auténticamente por los logros de sus amistades y familiares, que son lambiscones para intentar manipular, que siempre están allí en las buenas pero en las malas desaparecen, que emanan malas vibras… En fin, ustedes saben a lo que me refiero. Este tipo de gente no es buena ni para tenerla cerca.

Es bueno, o eso creo yo, aferrarse a las creencias y principios morales: esto nos ayuda mucho para saber quiénes somos, hacia dónde vamos, tomar decisiones y elegir nuestras amistades. Pero se convierten estas creencias y principios en un arma de doble filo cuando las usamos para agredir a otra persona sin razón alguna o cuando estos estándares morales sólo los aplicamos al juzgar a los demás y no al juzgarnos a nosotros mismos. 

Midámonos con la misma vara con la que medimos a los demás. Practiquemos lo que predicamos. Arriba la congruencia y abajo la doble moral.


Saludos cordiales.
Atentamente, María.



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