martes, 16 de septiembre de 2014

Cuento: Toda pesadilla de un chapín



EXTRACTO 
Cuento para un concurso de cuentos sobre la promoción de los derechos humanos en México. Este cuento representa una realidad injusta que viven todos los migrantes que vienen de Centroamérica. En este cuento, un migrante guatemalteco, al que llaman "chapín" (término despectivo para los guatemaltecos) para insultarlo, experimenta abusos físicos por parte de la policía de migración, corrupción del Instituto Nacional de Migración y engaños del Ejército Mexicano para cubrir asuntos políticos que afectarían la imagen del gobernador de ese estado en el que se encuentran. Por supuesto que es totalmente ficticio. Solo quise representar que los derechos humanos son cruelmente violados y aunque algunas veces se logre resarcir el daño a los que fueron abusados, la mayoría de las veces las injusticias quedan impunes y le arruinan la vida para siempre a los migrantes y a sus familias.



TODA PESADILLA DE UN CHAPÍN

 -     Por favor, señor oficial, ya le he dicho que no. Le suplico que entienda.
 -     Por favor, ni madres, chapín jodido. Si no quieres quedar peor que como te dejó ese coyote hijuesupinchemare, más te vale empezar a escupir la sopa.
 -     Pero, señor oficial…
 -     ¡Ningún oficial! General Marcos para ti, chapín jodido.
 -     Pero, señor oficial…
 -     ¡Que ningún oficial ya te dije!
 -     Perdón, señor General, señor… Pero, ya sabe usted por qué no le puedo decir dónde está el coyote. Si le digo, él se enterará y vendrá por mi y por mi hijo a matarnos.
 -     Yo no sé nada, chapín. Yo solo se que estás jodido, pero que lo puedes estar más. Más te vale empezar a hablar o ningún doctor te atenderá esas heridas. Conmigo no se juega y espero que ya te hayas dado cuenta de eso.
 -     Sí, General.
 -     Así me gusta. Ahora bien, cuéntame todo lo que sepas sobre El Perro, el coyote ese.

Era una noche del quince de septiembre del 2014. Todo el país estaba de fiesta y habían cohetes y fuegos artificiales en los centros de todas las capitales de los estados del país. El Perro sabía que ese día todos los soldados mexicanos de la frontera de Chiapas con Guatemala agarraban la borrachera desde las seis de la tarde que se iba El Jefe y no volvían a sus puestos sino hasta las cinco de la mañana del dieciséis de septiembre. Así era todos los años y El Perro aprovechaba para pasar gente en su troca a México de manera ilegal.

La mayoría de los que contrataban los servicios de El Perro era gente que había buscado por la vía legal el conseguir papeles para irse a vivir a México en busca de mejores oportunidades, pero que no se les habían otorgado los papeles dado que no tenían el “documento idóneo” que les pedían los funcionarios del Instituto Nacional de Migración; dicho “documento idóneo” era un billete de mil pesos mexicanos. La mayoría de esa gente no tenía ni para comer ese día, mucho menos mil pesos para un soborno. El Perro les cobraba barato, dado que no le interesaba el dinero. A él le interesaba algo más.

 -     Ahora bien, cuéntame todo lo que sepas sobre El Perro, el coyote ese.
 -     Bueno, oficial… Digo, General, no sé mucho de él ni de su familia. Solo se que tiene un contacto en la frontera de Guatemala con este estado, un soldado al que llaman El Manco, no porque no tenga una mano, sino porque siempre que ve migrantes, como yo, les grita “chapines de mierda” mientras les corta las manos, antes de despacharlos pa’ Guatemala.
 -     Ah, sí he oído de El Manco, es un sobrino del Sr. Dimena, el gobernador de aquí de Chiapas.
  -    ¡¿Es sobrino del gobernador?! Con razón nunca lo han atrapado.
      Basta de lloriqueos. Eso a ti no te incumbe. Sigue hablándome de El Perro.
      Bueno, a El Perro yo lo conocí de niño, cuando nuestras madres murieron, en un orfanato en Coatepeque, allá en mi tierra. Éramos buenos amigos de chiquillos, pero a los doce años él comenzó a hacerse muy violento y golpeaba a todos los niños del orfanato. A los quince años nos echaron fuera y cada quién se fue pa’ su lado y no lo volví a ver hasta ayer que le pagué doscientos pesos para que nos pasara a mi y a mi hijo en su troca pa’ acá pa’ México.
  -    ¡Vamos! Tienes qué saber algo más de él. Si no supieras algo importante no te habría golpeado y tirado en medio del camino antes de llegar a Tapachula. A mi no me engañas, chapín jodido. A quien debes tenerle miedo es a mi, así que sigue escupiendo.
  -    Bueno, hay una cosa más que se. Pero ahora sí le juro y le perjuro que es lo último que se de El Perro. Mientras íbamos en la troca dos mujeres, tres hombres, mijo y yo, escuchamos a El Perro, que iba en el asiento del copiloto de la troca, hablando con el conductor, El Macho. El Macho le decía a El Perro algo sobre la esposa del señor Dimena.
  -    ¡¿Qué mierdas estás diciendo, chapín jodido hijuetumare?! ¡Tú no sabías quién era el Sr. Dimena hasta que te lo mencioné hace unos minutos! Más te vale que no estés hablando cagada para hacerme una jugarreta que yo no estoy para…
  -    ¡Se lo juro, mi General! ¿Yo qué gano con mentirle? En efecto, no sabía quién era el Sr. Dimena, solo había escuchado su nombre… Cuando El Macho afirmó que se revolcaba con la señora Dimena.
   -   ¡En la reverenda madre! Habla con voz más baja y sigue. Nadie puede enterarse de esto. Sigue, chapín jodido, ¡habla!

El General Marcos volteó ligeramente la cabeza para observar por la ventana y vio que sus soldados lo estaban esperando afuera, mientras impedían que la prensa entrara. La prensa se enteró rápido de que el Ejército Mexicano al fin tenía una pista para capturar a El Perro, quien era prófugo de la justicia del estado de Chiapas desde que el Gobernador Carlos Dimena tomó protesta, pues había intentado asesinarlo junto con un cómplice no identificado.

   -   Bueno, mi General. Escuché que El Macho le contaba de la revolcada que se dio con la señora Dimena a El Perro, y los dos bromeaban al respecto. El Perro le mentaba madres al señor Dimena que porque lo había traicionado en unos negocios y El Macho se burlaba de que le había bajado a la vieja. El Macho y El Perro son conocidos allá en mi tierra en Coatepeque por ser muy buenos amigos, porque cuando el orfanato echó a El Perro, El Macho lo acogió y le dio trabajo y comida y lo llevó a vivir con él. El Macho se portó como un padre con El Perro y ahora son camaradas del alma. El pedo fue que El Perro se dio cuenta de que yo estaba escuchando todo.
  -    Entiendo, entiendo. A ver chapín, entonces, El Perro los trajo a ustedes y a más migrantes a México junto con El Macho, pero, cuando se dieron cuenta de que los escuchaste, ¿te golpearon y te echaron pa’l camino a que te pudrieras y te aventaron a tu hijo así nomás?
    -  Sí, mi General, así nomás. El Perro es muy cruel, no le importan ni los chamacos. Solo le importa el poder. Y tiene aliados como El Macho, El Manco y alguien en el gobierno que lo mantiene contento. Pasar migrantes como nosotros pa’cá pa’ México es solo excusa pa’ venir con El Macho a ver a sus socios y a hacer desmadre. Lo peor de todo es que cuando los de la migra nos encontraron, en lugar de traernos aquí al hospital nos quitaron el resto de nuestro dinero y nos dejaron ahí aventados.
 -     A la madre, chapín. Qué barbaridades estás diciendo, no mames.
 -     Se lo juro, mi General. Si investiga lo puede comprobar. Yo llegué aquí solo con mijo, así como me ve de jodido, y les pedí a los doctores que hablaran al Ejército porque tenía información importante. Yo quería denunciar a los de la migra, no a El Perro. Me voy enterando de que es de los más buscados aquí hasta que usted me dice.
  -    Te creo, chapín, te creo.

El General Marcos entendió todo lo que estaba pasando. El Macho era el amante de la Sra. Dimena y cuando se enteró de que era la esposa del gobernador electo intentó matarlo cuando tomó protesta con la ayuda de su compadre, El Perro, el cual le debía muchas después de todo lo que hizo por él. Además, el intentar matar al gobernador le ganó muchos amigos a El Perro, como El Manco y otros soldados en la frontera y mucha gente en el gobierno que no apoyaban la administración del Sr. Dimena. El Perro, más que un coyote, era un manipulador del poder y junto con El Macho se volvían casi invencibles, dados todos los aliados que tenían. Por eso habían aventado a este pobre chapín y a su hijo de dos años en medio de la nada para que se murieran: si ellos llegaban a Tapachula, donde se iban a bajar los demás migrantes, podía ya tomar su lado el chapín con su hijo para un lugar donde ya no lo encontrarían y podía contar algo de lo que escuchó, lo cual revelaría los aliados de El Perro y el amorío de El Macho con la Sra. Dimena, quien le conseguía uno que otro favorcillo por ahí si necesitaba algo del gobierno.

    -  Dime a qué hora se supone que llegan El Macho y El Perro a Tapachula en la troca con los otros migrantes. Podemos interceptarlos y arrestarlos, pero eso sí, mi chapín, los migrantes se regresan pa’ su casa. No hay de otra, son ilegales.
  -    Por favor, mi general, ¿si le digo la hora me promete conseguirme papeles para poder quedarme en México legalmente con mijo? Se lo ruego. No tengo dinero, no tengo trabajo, no tengo casa, ni tengo familia. Incluso mi mujer me dejó cuando nació mijo. Por favor, a usted no le cuesta nada y para mi es arreglarme toda la vida.
  -    ‘Tá güeno, mi chapín. Ya quedó. Tú a partir de mañana a las doce del día considérate residente mexicano legalmente junto con tu hijo, yo te hago llegar los papeles con tu enfermera. Pero si resulta que no es verdad la hora que me diste y no atrapamos a El Perro y a su aliado ese hijuesupinchemare El Macho, yo mismo me encargo de que te quedes sin manos y que a tu hijo se lo lleve la jodida, chapín. ¿Estamos?
  -    Sí, mi General, yo le juro que El Perro nos dijo a todos que para las tres de la mañana ya estábamos en Tapachula.
  -    ¡Pero si son las dos! Tenemos una hora para atraparlo. Ya no tengo tiempo, chapín. Me largo a atrapar a esos cabrones.
    -  Pero, mi General, recuerde su promesa.
Y el General se fue con sus soldados directo a Tapachula.

Cuando se fueron todos los soldados, entraron los doctores y las enfermeras y les dieron atención médica a él y a su hijo. Le pusieron una cama al hijo al lado de al migrante para que durmieran juntos y les dieron medicinas para que pudieran conciliar el sueño.

Se despertó el migrante a las diez de la mañana del día siguiente, justo cuando entraba la enfermera a cambiarle el suero intravenoso y a traerle el desayuno a su hijo.
   -   ¿Algo más que se le ofrezca, señor? ¿El control de la televisión, una revista?
   -   El periódico de hoy, por favor, mija. Gracias.

La enfermera le entregó el periódico y se retiró. El señor le pidió tantito jugo de naranja a su hijo. Le estaba dando tragos lentos al jugo cuando, al leer el título de la nota del periódico, derramó todo sobre la cama y cayó el vaso al piso, ocasionando un ruido muy fuerte al romperse el vidrio en pedazos.

MATAN A “EL PERRO”
A las tres y media de la madrugada de hoy dieciséis de septiembre, el General Probst y su tropa emboscaron a El Perro y hubo un tiroteo. Murieron cinco migrantes no identificados, dos soldados y El Perro.

El señor no lo podía creer. Pensó que los soldados iban a aprehenderlos, no que los fueran a matar. Casi vomita por el impacto que le causó la noticia.
  -    ¿Qué tienes ‘apá? ¿Te sientes bien?
  -    Sí, mijo, no te apures. Me acabo de enterar que mataron a tu tío.
  -    ¿Qué tío?
 -     Mi hermano, el que no veía desde que se murió tu abuela hasta ayer.
 -     Ah, ¿él era mi tío? Era un señor muy malo.
 -    Sí, mijo, así es. Sí era muy malo. Por eso nunca lo consideré mi hermano.

En eso, entra un funcionario del Instituto Nacional de Migración con la policía sin hacer caso a la enfermera que les decía que no podían pasar.
 -     ¿Qué está pasando?
 -     Venimos por ti, chapín jodido de mierda y por tu chamaco mugroso.
 -     ¡¿Qué?! ¿De qué hablan? Yo hice un trato con el General Marcos. No tiene nada qué hacer la migra aquí. Yo le di información sobre El Perro para que lo atraparan a cambio de papeles para vivir aquí legalmente con mijo, en dos horas me llegan los papeles. ¡Eso me dijo el General Marcos!
 -     No me vengas con pendejadas, chapín de mierda. No existe ningún General Marcos en el Ejército, ni en la policía de migración. No andes inventando cosas. ‘Tas más jodido que la chingada. No sabes cómo te va a ir por intentar vernos la cara de pendejos. No te la vas a acabar.
 -     Háblenle al INAMI, díganles que ya tengo el documento idóneo, por favor, ¡no se lleven a mijo!
  -    Ay, chapín, no sabes lo mal que estás, ¿verdad? Jajaja. Yo soy del Instituto y vengo con toda la policía para ponerte una buena tunda y regresarte a tu Guatemala de mierda. Vas a ser un buen ejemplo para que dejen de venir más chapines zarrapastrosos como tú a infectar nuestro país.



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