miércoles, 12 de marzo de 2014

La justicia: una virtud revolucionaria.


                                              “La misericordia y la verdad se encontraron;
                                                                La justicia y la paz se besaron.
                                                                La verdad brotará de la tierra,
                                                                y la justicia mirará desde los cielos.
                                                                Jehová dará también el bien,
                                                                y nuestra tierra dará su fruto.
                                                                La justicia irá delante de él,
                                                                y sus pasos nos pondrá por camino.
                                                                       La Biblia. Salmo 85:10-13

                                                                                                                    Twitter: @marifersv94

Iustitia est constans et perpetua voluntas ius suum cuique tribuendi.” Es decir, la justicia es la constante y perpetua voluntad de dar a cada uno su derecho. Los derechos son: "honeste vivere, alterun non laedere et suum quique tribuere." Es decir, vive honestamente, no hagas daño a nadie y da a cada uno lo suyo. Esta es una definición del concepto de justicia que hace Ulpiano, desde un punto de vista jusnaturalista, por supuesto. Una característica de los jusnaturalistas es que defendemos el objetivismo, en el sentido en que los conceptos como justicia, sabiduría, equidad, igualdad, entre otros, tienen una definición absoluta, no relativa, como sugieren los juspositivistas y formalistas. Mi punto de vista es que la justicia es absoluta, única, omnicomprensiva e indiscutible; no depende del punto de vista de cada individuo ni de sus experiencias o circunstancias de modo, tiempo y lugar. Suponer esto, como lo hacen varios filósofos del Derecho excepcionales, tales como Hans Kelsen, Alf Ross y Albert Bobbio, es caer en una falacia filosófica. Más adelante en este escrito explico por qué. 

Primero que nada quisiera establecer que la justicia es un concepto, aunque abstracto, absoluto. Generalmente, se distinguen dos acepciones de la palabra justicia. La primera define a la justicia como el criterio ideal del derecho natural, del derecho valioso, del derecho intrínsecamente válido. La segunda la define como la unidad comprensiva de todas las virtudes. Cabe notar que ambas acepciones no son distintas una de la otra; es decir, el criterio ideal que menciona la primera acepción es precisamente un criterio de virtud universal, el cual menciona la segunda. Son exactamente lo mismo, dicho de maneras distintas. La justicia es absoluta si se parte del principio de un derecho natural supraestatal. Aquella deriva de este, y este legitima a aquella. Suponer que lo que es justo es lo que establece el derecho es absurdo, puesto que se ha comprobado a lo largo de la historia que las normas jurídicas, en muchas ocasiones, son creadas para favorecer únicamente a una elite de la población. Incluso hay normas jurídicas que perjudican a la sociedad y no persiguen el bien común. El deber ser y el ser son muy distintos. Que el derecho deba de ser justo no significa que lo sea; la justicia no nace del derecho positivo, sino del natural. 

Es un hecho que la justicia es un concepto abstracto e indefinible, pues si la definiera la volvería injusta. No obstante, no significa que por ser abstracta sea relativa o subjetiva (que depende del sujeto). El hecho de que no se pueda definir un concepto no prueba que este concepto no existe. Verbigracia, tomo la palabra “conocimiento”. El conocimiento es un concepto que tiene un sinnúmero de definiciones, pues cada teórico la define de acuerdo a sus principios y experiencia; no obstante, por más que hayan millones de definiciones del conocimiento, es un hecho irrefutable que es un concepto absoluto. Por supuesto que la magnitud, la materia y la forma del conocimiento depende de cada individuo, pero al definir al concepto de conocimiento es obvio que es uno solo. Así sucede similarmente con la justicia. La justicia tiene un sinfín de definiciones y la perspectiva de ella cambia de acuerdo a cada individuo; pero la justicia es Una. Otro ejemplo, un tanto bobo, podría ser un camaleón. El camaleón tiene varias capas de piel, pero tiene una capa externa transparente en su epidermis, pero inmediatamente abajo de esta contiene pigmentos rojos y amarillos que se combinan con la luz azul reflejada por los guanóforos. En fin, sin entrar en biología animal, pues no sé más que lo básico, es de sabiduría popular que los camaleones (algunas especies) cambian de color, dependiendo de la temperatura, el clima y los factores psicológicos del animal. Por esta característica especial es por lo que es un ejemplo perfecto para el problema filosófico de la justicia. El camaleón tiene piel de color transparente con varios pigmentos bajo esta capa que cambian de color debido a factores internos y externos. La justicia también; esta tiene un color absoluto e irrefutable, pero, debido a factores del individuo que la observa y de la sociedad que lo rodea, es vista de distintos ámbitos dependiendo de este individuo. El hecho de que dos persones observen la justicia de maneras distintas, al aplicarla uno a su caso personal en relación con el otro (o bien, que dos personas observen el mismo camaleón, pero, debido a la luz, uno lo vea azul y el otro lo vea verde) no significa que la justicia no sea absoluta (o bien, no significa que el camaleón no sea transparente con pigmentos rojos y amarillos, aunque los que lo observan lo vean de distintos colores debido a factores extraños o conocidos).

En cuanto a los formalistas que defienden la concepción relativista y subjetivista de la justicia están Ross, Bobbio y Kelsen; sin embargo, se hablará únicamente de Hans Kelsen, pues los otros opinan igual que este y este explica mejor su teoría. El famosísimo Hans Kelsen, es un autor a quien admiro increíblemente por su extraordinaria habilidad de poder deslindarse de su hemisferio emocional para lograr ser objetivo en lo jurídico. Es un hecho que los seres humanos somos subjetivos por naturaleza; es imposible que un individuo sea en su ciento por ciento objetivo. No obstante, considero que Hans Kelsen se acerca mucho al objetivismo perfecto. Empero, no comparto la mayoría de sus postulados. Muchos son mayoritariamente aceptados como verdaderos y valiosos, pero, en lo personal, debido probablemente a que soy jusnaturalista, considero que su formalismo es tan extremo, que se convierte en radicalismo absurdo. En pocas palabras, Hans Kelsen tiene tres postulados:
         a) El Derecho y El Estado son exactamente lo mismo y las normas del derecho emanan la posterior de la anterior; de acuerdo a su libro “Teoría General del Derecho y del Estado.”
          b) La justicia es relativa y emana del Derecho (es decir, es justo lo que está en un orden jurídico positivo); de acuerdo a su ensayo o libro breve “¿Qué es justicia?”
          c) El Derecho solo puede ser definido y estudiado con factores, conceptos y aspectos puramente jurídicos (excluyendo los de índole filosófica, psicológica, sociológica, etc.); de acuerdo a su libro “Teoría Pura del Derecho”.

En relación a su primer y segundo postulados, se encuentra un error en su formalismo. De acuerdo a la lógica, el Estado y el Derecho no son la misma cosa. El Estado está sujeto a la legitimidad que le da el Derecho y el Derecho está sujeto a tener un ámbito territorial, personal y temporal de validez dentro de un Estado. Que estos dos conceptos sean hermanos, incluso podría decirse que gemelos, no significa que sean el mismo individuo. Una cosa es la norma y otra es la facultad o deber que imputa esa norma. Una cosa es el individuo y otra sus acciones. Una cosa son las reglas y otra los ámbitos temporales, territoriales y personales de validez que tienen esas reglas. Además, Kelsen establece que todas las normas emanan de una anterior en tiempo y jerarquía. Es decir, tomando el ejemplo del derecho mexicano, los reglamentos emanan de las leyes federales y las leyes federales emanan de la Constitución. Pero, ¿de dónde emana la Constitución, que es la Ley Magna y Suprema? Hans Kelsen contesta esta pregunta diciendo que la Ley Suprema emana de una norma hipotética fundamental. Aquí radica su falacia más importante. Se puede evidenciar una pizca de sal jusnaturalista que sazona su formalismo extremista. ¿Qué es la norma hipotética fundamental? Sencillo: el derecho natural. Pero, ¿no que el derecho natural era inexistente e innecesario? Interesante. Ahora bien, si la justicia es lo establecido en el derecho, si el derecho es lo mismo que el Estado y si este solo puede ser definido con conceptos puramente jurídicos, entonces, ¿la justicia, el derecho y el Estado son lo mismo? No lo creo.

La siguiente fábula, de Augusto Monterroso, escritor excepcional a quien admiro mucho, resalta una visión muy kelseniana de la justicia y del absolutismo desde un punto de vista de la política (a manera de crítica, por supuesto):

          El camaleón que finalmente no sabía de qué color ponerse

En un país muy remoto, en plena Selva, se presentó hace muchos años un tiempo malo en el que el Camaleón, a quien le había dado por la política, entró en un estado de total desconcierto, pues los otros animales, asesorados por la Zorra, se habían enterado de sus artimañas y empezaron a contrarrestarlas llevando día y noche en los bolsillos juegos de diversos vidrios de colores para combatir su ambigüedad e hipocresía, de manera que cuando él estaba morado y por cualquier circunstancia del momento necesitaba volverse, digamos, azul, sacaban rápidamente un cristal rojo a través del cual lo veían, y para ellos continuaba siendo el mismo Camaleón morado, aunque se condujera como Camaleón azul; y cuando estaba rojo y por motivaciones especiales se volvía anaranjado, usaban el cristal correspondiente y lo seguían viendo tal cual.
Esto sólo en cuanto a los colores primarios, pues el método se generalizó tanto que con el tiempo no había ya quien no llevara consigo un equipo completo de cristales para aquellos casos en que el mañoso se tornaba simplemente grisáceo, o verdiazul, o de cualquier color más o menos indefinido, para dar el cual eran necesarias tres, cuatro o cinco superposiciones de cristales.
Pero lo bueno fue que el Camaleón, considerando que todos eran de su condición, adoptó también el sistema.
Entonces era cosa de verlos a todos en las calles sacando y alternando cristales a medida que cambiaban de colores, según el clima político o las opiniones políticas prevalecientes ese día de la semana o a esa hora del día o de la noche.
Como es fácil comprender, esto se convirtió en una especie de peligrosa confusión de las lenguas; pero pronto los más listos se dieron cuenta de que aquello sería la ruina general si no se reglamentaba de alguna manera, a menos de que todos estuvieran dispuestos a ser cegados y perdidos definitivamente por los dioses, y restablecieron el orden.
Además de lo estatuido por el Reglamento que se redactó con ese fin, el derecho consuetudinario fijó por su parte reglas de refinada urbanidad, según las cuales, si alguno carecía de un vidrio de determinado color urgente para disfrazarse o para descubrir el verdadero color de alguien, podía recurrir inclusive a sus propios enemigos para que se lo prestaran, de acuerdo con su necesidad del momento, como sucedía entre las naciones más civilizadas.
Sólo el León que por entonces era el Presidente de la Selva se reía de unos y de otros, aunque a veces socarronamente jugaba también un poco a lo suyo, por divertirse.
De esa época viene el dicho de que todo Camaleón es según el color del cristal con que se mira.”

Incluso el formalista más formalista de todos, cae en el supuesto de que existe un derecho natural del cual emana todo lo demás. Y partiendo del hecho de que este derecho natural existe y es absoluto, la justicia, que es la reunión de todas las virtudes del derecho natural, existe y es objetiva.

Un ser justo es un ser virtuoso y sabio, como me ha dicho varias veces la Lic. Marcela Elizabeth García en la clase de Derecho Romano, y para volvernos sabios todos los individuos que vivimos en sociedad tenemos que ser virtuosos, es decir, buscar el bien común. Ser justo es dar a cada quien en medida de sus facultades y exigir de cada cual en medida de sus posibilidades. 

La justicia es una virtud revolucionaria porque es una virtud que envuelve al amor, a la solidaridad, a la fraternidad y a la equidad, los cuales son principios revolucionarios y anarquistas. Sin caer en etiquetar de color rojo a la justicia, y sin importancia alguna de esta etiqueta, el ser humano, aunque egoísta, debe de aspirar a ser sabio, es decir, a ser justo. El fin común de los seres humanos es crear una sociedad que luche por el bien común y que se rija por este principio absoluto, objetivo, único y universal: la Justicia.

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